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domingo, 4 de febrero de 2018

"Broncemia"


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Tardé en decidirme publicar este apunte. Me han dicho de todo ¿qué más da un encono más, si puedo expresar lo que pienso?

La broncemia, es una enfermedad del adulto que no figura en ningún texto de medicina. Significa etimológicamente "acumulación de bronce en la sangre” y las personas que la padecen, a medida que pasan los años, se invaden con bronce, se creen próceres y sueñan con su estatua instalada en el patio de alguna plaza o sitio público. Es un término creado hace unos 30 años por el Dr. Narciso Hernández, un prestigioso cirujano de la ciudad de Córdoba (Argentina).

Dicha enfermedad pasa por dos etapas: la primera es la importantitis, en la que él se cree tan importante que nadie es mejor que él, y la segunda es la inmortalitis. Cuando el paciente llega a esta etapa final, el bronce invade todo su cuerpo y ahí se cree ya una estatua perene.

Esta enfermedad se desarrolla en aquellos que presumen de un alto nivel de intelectualidad y donde la soberbia propia del broncémico aparece de manera paulatina, aunque se piensa que en algunos casos puede ser de aparición súbita.

La mayoría de los casos se expresan entre los 45 y 55 años, y los más graves se presentan entre los 55 y 66 años. Está en relación inversa con su edad y su capacidad de poder comprender y discernir. El sexo también es importante: se pensaba que era más prevalente en el sexo masculino, pero ahora, con el auge del feminismo, parece tener igual prevalencia en ambos sexos.

Los síntomas más comunes del paciente broncémico son tres: diarrea mental, hipoacusia interlocutoria y reflejo céfalocaudal.

La diarrea mental se caracteriza por una verborragia exagerada, en que el broncémico habla y habla todo lo que su cerebro quiere vomitar. La sordera interlocutoria siempre acompaña a la diarrea mental: cuando el broncémico habla, sus oídos no escuchan nada ni a nadie. El reflejo céfalocaudal produce una actitud de caminar con la cabeza elevada, como si estuviera en un púlpito o atrio. La rigidez se hace evidente tomando una "actitud real”: el mentón elevado, el pecho inflado, con el gesto que adopta quien percibe un olor desagradable. Los músculos de la visión, endurecidos por el bronce, no le permiten, dirigir su mirada hacia abajo.

Insensiblemente, sin darse cuenta, los afectados no se percatan de que la enfermedad llega a los músculos de la cara, impidiéndoles sonreír. Las cuerdas vocales se engruesan y adquieren resonancia suficiente como para modificar la naturaleza de su voz. En esta etapa la enfermedad es aún reversible. La experiencia, los buenos maestros, la lectura de textos alejados de su especialidad, la música, la pintura u otras expresiones del humanismo alejan el peligro. No obstante, un porcentaje de ellos al incrementar su cultura, pueden convertirse en casos perdidos.

Un broncémico, es un ególatra incorregible, habla permanentemente de sus grandes ganancias, de sus logros, de su fama, y revisté todas sus proezas, de un aura milagrosa que impresiona a la gente.

Debemos enseñar a nuestros jóvenes, el deseo de ayudar, de sembrar dentro de ellos el espíritu de servicio. Hay que distinguir entre servicio y espíritu de servicio. El servicio es un acto de ayuda que puede ser instintivo y puede no necesitar de la razón; en cambio, el espíritu de servicio es el profundo deseo de satisfacer a aquellos que necesitan de nosotros. No es un acto, es una actitud, es una función de vida.

Basado en Revista Médica de Chile, volumen 149, número 6, junio 2012.

*El autor es representante de Aprolam para B. C.

Extracto de www.elvigia.net

Publicado: Dr. Arnulfo Mateo (Hijo)
M. Internista y Psiquiatra
Secretario General Colegio Medico Dominicano, filial SJ.
Presidente Región Sur Asociación de Psiquiatras Egresados Residencias de Rep. Dom (ASPERDO)
CENTRO MEDICO ANACAONA
Tel. 809-557-4714.

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