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jueves, 24 de mayo de 2018

"Cambios cerebrales por el uso de la tecnología"


Sin lugar a dudas nuestros niños y adolescentes estan envueltos en un mundo con más estímulos y en contacto constante con las tecnologías. Esas son algunas de las grandes diferencias entre los jóvenes de hoy y los de hace tan solo veinte años. 

 "Antes los jóvenes tenían que buscarse las rutas para llegar a la información y solo llegaban a una parte. Hoy el acceso a ese contenido es inmediato y en cantidades ingentes. La presión no está en cómo acceder a los datos, sino en con qué nos quedamos", explica Diego Redolar, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y experto en neurociencia y psicobiología.

El cerebro, prosigue Redolar, "es adaptativo, y está haciéndose más efectivo a la hora de buscar y seleccionar". "Esto significa que los aspectos funcionales del encéfalo, que además no acaba de formarse por completo hasta los veinte años, cambien y que un niño que haya utilizado las tecnologías desde muy pequeñito trabaje y procese de forma diferente. No cambia la estructura, pero sí la capacidad plástica", añade. Esto no quiere decir, aclara, "que sea ni peor ni mejor. Simplemente, que tendrá otras estrategias cognitivas. 

¿Qué puede ocurrir? Que estos niños y adolescentes estén súper acostumbrados a la inmediatez, y que cuando se produzca una demora su cerebro no esté preparado para ello".

Relaciones sociales

También puede suceder, añade Beatriz Gavilán, doctora en Neurociencias y neuropsicóloga, y también docente de la UOC, que el uso excesivo de tabletas o redes sociales disminuya la exposición del tú a tú. "Si uno no se expone nunca a ciertas situaciones, es mucho más difícil que aprenda cómo estar en un grupo". 

"Pongamos, por ejemplo, el caso de los videojuegos –propone Redolar–. El problema no está en el uso de los mismos, que además hay estudios que señalan que pueden mejorar ciertas capacidades cognitivas como pueda ser la atención, sino en que el adolescente le dedique muchas horas y deje de hacer ejercicio, de relacionarse con sus iguales... Eso es lo que podría tener efectos negativos".

Lo que sí se ha demostrado, continúan ambos, son las consecuencias negativas que produce el estrés en el desarrollo del cerebro. "Cuando se sufre estrés a largo plazo, el sistema da una respuesta a ello. Mientras que el estrés en los adultos suele relacionarse con el trabajo, en los adolescentes, en concreto, se suele dar cuando perciben una falta de control en una situación que les preocupa. Puede ser una separación de los padres, una desestructuración familiar, o cuando se sufre acoso escolar o bullying", señala el profesor de la UOC. Ante estos hechos, el profesor recomienda a los progenitores que estén atentos por si su hijo sufre una situación vital estresante para poder intervenir en ella y evitar males mayores.

Por último, otro de los factores que puede afectar al correcto desarrollo cerebral es el consumo de drogas como el alcohol y la marihuana. "Pueden generar cambios en diferentes regiones cerebrales y modificar el funcionamiento de la corteza prefrontal, todavía inmadura", concluye este docente.


Dr. Arnulfo Mateo (Hijo)
Médico Internista y Psiquiatra
CENTRO MEDICO ANACAONA
Lunes a Viernes 
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Tel. 809-557-4714/ Cel. 809-480-0908.

martes, 22 de mayo de 2018

"Tener plata te cambia el cerebro"

El estatus socioeconómico de las personas puede afectar su salud cerebral de una manera inesperada. Un reciente estudio realizado por científicos de la Universidad de Texas ha revelado algunas relaciones antes desconocidas entre el estatus social y las aptitudes cognitivas.

En el estudio participaron 304 personas de edades comprendidas entre los 20 y los 89 años, clasificadas según su nivel educativo, su carrera profesional y sus ingresos. De este modo se determinó su nivel socioeconómico y se llevó a cabo una tomografía por resonancia magnética que determinó su densidad neuronal y su estado de salud. 

Las investigaciones anteriores demostraron que los cerebros de los niños pueden cambiar si se educan con carencias en su educación, nutrición y acceso a la atención sanitaria.

"Sabemos que el estatus socioeconómico influye en la estructura del cerebro en la infancia y en la vejez, pero surgió una brecha en la investigación", señaló el doctor Gagan Wig, neurocientífico de la Universidad de Texas en Dallas, citado por la revista especializada Pnas.

No obstante, los resultados del estudio demuestran que el nivel socioeconómico sigue afectando al desarrollo y salud de nuestro cerebro, características determinadas por la fuerza de las conexiones neuronales y por la masa de sustancia gris.

Así, los adultos de mediana edad —con edades comprendidas entre los 35 y los 64 años— mostraron una fuerte correlación entre su nivel socioeconómico y su actividad cerebral. Esto implica que presentaban un riesgo considerablemente menor de sufrir demencias o enfermedades en la vejez como el Alzheimer, el Parkinson o la pérdida de memoria.

Mientras tanto, las personas con un nivel económico más bajo mostraron signos de envejecimiento cerebral algo prematuro, lo cual indica que son más propensas a sufrir demencias propias de una edad avanzada.

El estudio concluye que está probada la influencia de un entorno determinado en nuestra salud cerebral. Asimismo, subrayan que aún hay muchos aspectos ambientales que también pueden afectar la salud mental de una persona, como por ejemplo la reducción del estrés, el aprendizaje activo, el uso de las funciones cognitivas y la forma física.

Sin embargo, esta teoría ya ha sido cuestionada por otros científicos. Así, el profesor Derek Hill, un especialista en imagenología médica del University College de Londres, señaló en una entrevista para The Independent que "el estudio es demasiado pequeño como para proporcionar evidencias claras de un vínculo —entre entorno y salud mental— y una investigación más profunda ayudaría a aclarar si los hallazgos son reales o aleatorios".

Dr. Arnulfo Mateo (Hijo)
Médico Internista y Psiquiatra
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lunes, 21 de mayo de 2018

"Aislamiento y Salud Mental"



Un estudio con ratones demuestra que la soledad genera una sustancia química que nos vuelve más agresivos y temerosos.

El aislamiento crónico tiene efectos graves sobre la salud mental en los mamíferos: suele asociarse con depresión y con el trastorno de estrés postraumático en los humanos, por ejemplo. 

Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Cell y llevado a cabo por un equipo de investigadores de Caltech (EE. UU.) ha descubierto que el aislamiento social provoca, además, la acumulación de una sustancia química concreta en el cerebro, y que al bloquear esta sustancia química se eliminan los efectos negativos del aislamiento, lo que podría tener aplicaciones potenciales para tratar trastornos de salud mental en los seres humanos.

El estudio, llevado a cabo con roedores, confirma y amplía observaciones previas, pues los experimentos demostraron que el aislamiento social prolongado conduce a una amplia gama de cambios de comportamiento. Estos incluyen una mayor agresividad hacia ratones desconocidos, miedo persistente e hipersensibilidad a estímulos amenazantes.

Por ejemplo, cuando los ratones se encontraban con un estímulo amenazante, aquellos que habían sido aislados socialmente permanecían inmóviles, petrificados ante el miedo, mucho después de que la amenaza hubiera pasado, mientras que los ratones de control volvían a un estado normal poco después de que se eliminara la amenaza. Estos efectos se observaron con un aislamiento social de dos semanas, pero no con un aislamiento de 24 horas, lo que sugiere que los cambios observados en las respuestas de agresión y miedo requieren aislamiento crónico o aislamiento a largo plazo.

En un estudio previo de una mosca del género Drosophila (mosca de la fruta), los expertos habían descubierto que un neuroquímico particular llamado taquiquinina (con estructura similar a los opiáceos) desempeña un papel crucial en la promoción de la agresión en las moscas aisladas socialmente. La taquicinina es un neuropéptido, una molécula de proteína corta que se libera de ciertas neuronas cuando se activan. Los neuropéptidos se unen a receptores específicos en otras neuronas, alterando sus propiedades fisiológicas y, por lo tanto, influyendo en la función del circuito neuronal.

Para investigar si el papel de la taquiquinina en el control de la agresión inducida por el aislamiento social podría conservarse evolutivamente de insectos a mamiferos, los científicos recurrieron a ratones de laboratorio. En ratones, el gen de taquiquinina Tac2 codifica un neuropéptido llamado neuroquinina B (NkB). Tac2 / NkB es producido por neuronas en regiones específicas del cerebro del ratón, como la amígdala y el hipotálamo, que están involucradas en el comportamiento emocional y social.

Los investigadores encontraron que el aislamiento crónico conducía a un aumento en la expresión del gen Tac2 y la producción de NkB en todo el cerebro.

Sin embargo, la administración de un fármaco que bloquea químicamente los receptores específicos de NkB permitió a los ratones estresados comportarse normalmente, eliminando los efectos negativos del aislamiento social. Por el contrario, el aumento artificial de los niveles de Tac2 y la activación de las neuronas correspondientes en animales normales, no estresados los condujo a comportarse como animales angustiados y aislados.

Los investigadores también inhibieron la función de Tac2 y sus receptores en múltiples regiones cerebrales específicas. Descubrieron que la supresión del gen Tac2 en la amígdala eliminaba el aumento de los comportamientos de miedo, pero no de la agresión, mientras que, a la inversa, la supresión del gen en el hipotálamo eliminaba el aumento de la agresión pero no el miedo persistente.

"Este enfoque nos permitió comparar los efectos de diferentes manipulaciones de señalización Tac2 en la misma región del cerebro, así como comparar los efectos de la misma manipulación en diferentes regiones del cerebro", aclara David J. Anderson, coautor del trabajo. 

Aunque el experimento se llevó a cabo en ratones, tiene implicaciones potenciales para comprender cómo el estrés crónico afecta a los humanos.

"Los humanos tienen un sistema de señalización Tac2 análogo, lo que implica posibles traducciones clínicas de este trabajo", dice Moriel Zelikowsky, líder del estudio.

Referencia: "The Neuropeptide Tac2 Controls a Distributed Brain State Induced by Chronic Social Isolation Stress"Cell (2018). 

Dr. Arnulfo V. Mateo (Hijo)
Médico Internista y Psiquiatra
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sábado, 19 de mayo de 2018

"Marcapaso Cerebral"

Representación de la estimulación cerebral.

La Enfermedad de Alzheimer incapacita para tomar decisiones o planificar actividades, algo que podría paliarse con impulsos eléctricos. Al día de hoy, la Enfermedad de Alzheimer no solo no tiene una cura efectiva, sino que los intentos por ralentizar la progresión de la enfermedad tampoco parecen estar dando los resultados esperados. Sin embargo, los estudios con el objetivo de paliar sus devastadores efectos continúan su curso.

Con dicho objetivo, un grupo de investigadores de la División de Neurología Cognitiva del Instituto Neurológico del Centro Médico Wexner (Ohio, EEUU) han desarrollado un implante cerebral similar a un marcapasos. El dispositivo podría frenar la disminución de diversas habilidades cerebrales y de la capacidad para la toma de decisiones, unos síntomas típicamente asociados al alzhéimer.

El estudio, publicado en el Journal Alzheimers Disease, fue realizado en tan solo 3 pacientes con Enfermedad de Alzheimer. En todos ellos se implantó un dispositivo de estimulación cerebral profunda (DBS) a nivel del lóbulo frontal, una zona cerebral relacionada con las funciones ejecutivas: planificación, resolución de problemas, atención y juicio. Este tipo de implante, también conocido como "marcapasos cerebral", es un aparato conectado a una batería capaz de producir artificialmente impulsos eléctricos sobre el cerebro.

El seguimiento consistió en realizar periódicamente a los pacientes pruebas destinadas a medir sus funciones cognitivas y ejecutivas, así como su capacidad para realizar actividades durante su vida diaria. Se compararon, asimismo, con otros 100 pacientes diagnosticados con la enfermedad de su misma edad y un nivel similar de deterioro cognitivo, los cuales no recibieron tratamiento con implantes cerebrales en ningún momento.

En dos de los tres pacientes se constató una mejora significativa de sus habilidades cerebrales; en el tercer paciente, aunque hubo cierta mejora en sus actividades diarias, no fue tan importante.

Según los autores del estudio, este sería el primer trabajo que habría usado la estimulación cerebral profunda para mejorar los síntomas del alzheimer relacionados con las funciones ejecutivas en lugar de centrarse en la pérdida de memoria, ya que en estudios previos sí se han usado implantes DBS con el objetivo de mejorar dicha función memorística.

Según el Dr. Douglas Scharre, co-autor del estudio, restablecer la capacidad para el juicio, la toma de decisiones o la capacidad de concentración y atención también es necesario en este tipo de pacientes con el objetivo de mejorar su calidad de vida, tanto a nivel de poder elegir por sí mismos qué quieren comer, por ejemplo, como para mejorar sus interacciones sociales en general.

Las dificultades de un estudio pequeño

Los autores del estudio son conscientes de que se trata de un trabajo con muy pocos participantes, por lo que sería necesario repetirlo con un grupo mucho mayor. En anteriores ocasiones ya se ha usado este tratamiento con enfermedades neurológicas o metales como el parkinson, el temblor esencial, la depresión o el trastorno obsesivo-compulsivo. Incluso en enfermedades no-neurológicas, como la obesidad, este tipo de implantes ha demostrado cierto éxito.

Actualmente, los investigadores responsables de este trabajo no han podido aclarar cómo un implante DBS puede mejorar las funciones ejecutivas de los pacientes con alzhéimer, pero su hipótesis es que los estímulos cerebrales pueden ayudar a bloquear las señales que interfieren con las funciones normales del cerebro, o simplemente ayudar a que las células cerebrales funcionen mejor.

En el futuro, los investigadores esperan poder desarrollar métodos no quirúrgicos y menos invasivos que el uso de estos implantes cerebrales. Aunque, por otro lado, opinan que este tratamiento tan solo sería "una pequeña parte del rompecabezas" en el tratamiento total requerido en un paciente con alzhéimer.

Dr. Arnulfo Mateo Hijo
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martes, 15 de mayo de 2018

"El cerebro envidioso"


Ensayo de una obra teatral, basada en el poder de la envidia, sobre la rivalidad entre Mozart y Salieri.

Si le molesta que promocionen o le suban el sueldo a una compañera de trabajo, si sufre porque a un colega le dan un premio o le aceptan un importante proyecto, si no le gusta que los hijos de sus parientes saquen buenas notas, o que su amiga vaya siempre elegantemente vestida, si le inquieta que su compañero tenga una pareja guapa y atractiva, si le quita el sueño que el equipo de fútbol de su vecino gane un campeonato, o que su partido político, el de él, gane las elecciones, si le ocurre todo o alguna de esas y otras parecidas cosas, es muy posible que lo que usted tenga sea envidia.

Pero la envidia no es desear lo que tienen los demás, cosa bastante natural, sobre todo cuando uno tiene poco. Lo que más y mejor caracteriza a la verdadera envidia es el deseo de que el otro, el envidiado, no tenga lo que tiene, de que no sea verdad que lo tenga, de que no sea cierto su éxito o no sea tanta como parece su riqueza material. 

La verdadera envidia se centra imaginativamente en el otro, en el envidiado, más que en uno mismo. La envidia se lleva solo por dentro, en la intimidad subjetiva, pues su manifestación podría parecer y sentirse como una declaración de inferioridad. 

El envidiado, por su parte, muchas veces ni se entera de que lo es, siendo el envidioso el que verdaderamente lo pasa mal. La envidia puede ser más fuerte y corrosiva cuando se genera de arriba abajo, es decir, cuando es el superior quien envidia al inferior, una envidia que puede agravarse cuando el inferior es más joven, o más listo, o más guapo. 

Envidias de ese tipo se dan especialmente en el trabajo y en todas las relaciones sociales jerarquizadas. Verse superado por un inferior es siempre muy doloroso, salvo en las situaciones en que el superior pueda atribuirse todo o parte del éxito y atributos del subordinado.

La proximidad puede ser también un factor altamente potenciador de la envidia. Se ha dicho, no sin falta de razón, que la envidia del amigo puede ser peor que el odio del enemigo. Al primer ministro británico Winston Churchill se le atribuye una frase lapidaria muy relevante, que viene al caso: “En la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”. 

Es una sentencia que arroja luz particularmente sobre la envidia proximal, la que nos producen los éxitos de los propios compañeros y que puede a veces hacer conspicuamente más deseable el éxito de los adversarios que el propio si lo protagonizan compañeros o colegas a los que envidiamos. Aunque no siempre ocurre, ese tipo de envidia entre próximos, cuando tiene lugar, sea en la política, en el trabajo o en cualquier ambiente social de connotación competitiva se hace necesario tener en cuenta que las felicitaciones o el comportamiento hipócrita de los amigos o compañeros puede no ser más que una tapadera de su envidioso sentimiento. 

Cuando ese tipo de envidia tiene lugar en la familia, particularmente entre hermanos, puede resultar altamente dolorosa y corrosiva, mucho más siempre para el envidioso que para el envidiado. Cuando, por ejemplo, los padres no justifican bien el reparto desigual de su herencia entre sus hijos, lo peor que pueden estar haciendo es generar grandes dosis de envidia y de rencor entre ellos, la peor de las herencias, en definitiva.

¿Cómo reaccionamos a la envidia?

La envidia benigna, la que solemos considerar sana, al igual que la admiración, puede motivar a mejorar uno mismo, pero la envidia maligna se relaciona con la deshonestidad y con la conducta inmoral, y a lo que tiende siempre es a derrotar y a hacer caer al envidiado. Es una inagotable y permanente fuente de hostilidad hacia el envidiado. 

Cuando envidiamos tratamos de convencernos a nosotros mismos de que no es tanto lo que tiene el envidiado, es decir, tratamos de infravalorar sus logros o su éxito. “En realidad su trabajo no es tan bueno, pues los hay mejores”, o “no es tan inteligente como parece” o “no es tanto lo que le tocó en la lotería y pronto se lo gastará”, o “su novio en realidad no es tan guapo como dicen”, entre otras muchas sentencias y consideraciones de similar naturaleza que podemos argüir tratando siempre de aliviar la propia envidia. 

Podemos también quejarnos, hipócritamente, de que el envidiado lo que vende es humo, cuando lo que de verdad no nos gustaría es que vendiera fuego. Si conseguimos convencernos de lo que decimos, lo cual muchas veces no es más que engañarnos a nosotros mismos, nos sentimos mejor.


Otro recurso habitual consiste en afirmar ventajas extras que el envidiado ha tenido para conseguir su éxito. Es, por ejemplo, cuando insistimos en que el puesto de trabajo ha sido conseguido mediante influencias o “enchufes”. También podemos buscar desventajas o futuros fracasos en el envidiado que amorticen sus logros o aciertos. “Su novio es muy guapo, pero también muy tonto”, o “es muy inteligente, pero su falta de tacto con las personas le hará fracasar”. 

Ambos son modos de reaccionar tratando igualmente de aliviar el sentimiento de envidia. Hay también situaciones en las que el envidioso no pierde ocasión de castigar psicológica o incluso físicamente al envidiado. Así, cuando un jugador de futbol envidia a otro no es extraño que no pierda ocasión para hablar mal de su juego, o incluso para propinarle una buena patada o zancadilla, con todo el disimulo posible, en el curso de un partido. 

Los tribunos que envidiaban a Julio César llegaron mucho más lejos, pues acabaron con él a cuchilladas, ese método que por proximal satisface más la inquina personal que ningún otro, pero no sin antes hallar justificaciones para ello en lo que esos tribunos consideraron un excesivo e inmerecido poder del caudillo romano que le condujo a la tiranía.

'Schadenfreude' (Alegría maliciosa)

Pero lo más especial llega cuando el envidiado fracasa, pues es entonces cuando aparece la imagen especular de la envidia en todo su esplendor: la alegría y el regodeo del envidioso por el fracaso del envidiado. Un sentimiento para el que los alemanes han acuñado un término que ya ha sido adoptado también en otras lenguas: Schadenfreude (alegría maliciosa). 

Es ese tipo de alegría que uno siente cuando al empollón de la clase le suspenden una asignatura, o cuando al líder rival que nos superó en las elecciones no le van bien las cosas y se le fractura su partido, o cuando fracasa el compañero de partido que nos ganó las elecciones primarias, o cuando al listo y prepotente del laboratorio le rechazan la publicación de un trabajo. Es, en buena medida, lo que sienten los hinchas del Barça cuando pierde el Madrid, o los del Madrid cuando pierde el Barça.

A Winston Churchill se le atribuye una frase lapidaria: “En la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido”. Se refiere a la envidia proximal

La Schadenfreude se acrecienta en el envidioso agorero que acierta en su pronóstico sobre el próximo o futuro fracaso del envidiado y lo ve como una reivindicación personal de su posición. Puede corresponderse con el “cuanto peor para él, mejor para mí”, La Schadenfreude es también una de las mayores fuentes de hipocresía, porque, cuando la tienes, aunque estás contento en tu interior, te muestras falsa y aparentemente preocupado. Así, podemos decirle al envidiado “es una pena que te hayan rechazado el trabajo, pues era muy bueno” o “es una pena que te hayan salido tantas arrugas, pero la verdad es que no te sientan mal”.

El cerebro del envidioso

Las personas más envidiosas o con más propension a la envidia también son más prestas que las menos envidiosas a sacrificar sus propias ganancias o logros para reducir los de sus oponentes o rivales. Eso quedó patente en el trabajo de un grupo de psicólogos israelíes que obtuvieron imágenes de resonancia magnética funcional del cerebro de personas voluntarias mientras realizaban un juego interactivo de azar.

Lo que observaron fue que algunos jugadores incluso cuando perdían dinero estaban contentos y mostraban Schadenfreude si el otro jugador, el rival, perdía todavía más. Algunos de ellos incluso cuando iban ganando expresaron envidia si el otro ganaba todavía más. 

Esa envidia tuvo un claro reflejo en la activación que mostraron durante el juego las imágenes obtenidas en el estriado ventral, una parte del cerebro relacionada con la recompensa y el placer. Fue así hasta el punto de que sentir que el otro perdía más que uno mismo activaba esa parte tanto como cuando el propio sujeto ganaba. La derrota del rival, como vemos, puede alegrar tanto o más que la propia victoria, que el propio éxito.

Cómo combatir la envidia

No deberíamos conceder demasiada credibilidad a quien afirme que nunca ha sentido envidia, pues estamos hablando de un sentimiento muy arraigado en la naturaleza humana. Eso significa que estamos hablando de un sentimiento con profundas raíces evolutivas, es decir, de un sentimiento que se vino gestando con fuerza en el pasado ancestral. 

Una adecuada información y educación desde la infancia sobre la envidia y sus negativas y dolorosas consecuencias debería ser una buena manera de empezar a combatirla. Pero una vez instaurada no es fácil poder con la envidia, aunque siempre valdrá la pena intentarlo para evitarlo. 

Ese intento debería discernir en primer lugar el sentimiento de envidia propiamente dicho y separarlo del modo de comportarnos cuando lo tenemos. Una cosa es el sentimiento y otra sus consecuencias. 

Evitar el sentimiento de envidia cuando hay circunstancias que nos abocan a él es muy difícil, si no imposible, pues las emociones se nos imponen, incluso contra nuestra voluntad, y su control no está en nuestras manos. 

Otra cosa es nuestra reacción, es decir, el modo de comportamos cuando sentimos envidia, y eso sí que es controlable. Podemos, por ejemplo, evitar hablar mal del envidiado, o hacerle cualquier tipo de daño, como negarle cosas, marginarle, difamarlo, ofenderle o maltratarle psíquica o físicamente. Siempre podremos evitar la hostilidad hacia el envidiado.

Pero eso, ¿cómo se consigue? Puede haber diversos modos, y uno de ellos especialmente eficaz consiste en hacer un esfuerzo para razonar sobre el envidiado y sus éxitos o prebendas de un modo positivo. 

Quizá lo que tiene lo ganó con esfuerzo y dedicación y sin ningún deseo de perjudicarnos. No solemos hacerlo porque casi nunca razonamos sobre aquello que detestamos y el envidiado casi siempre suele acabar convirtiéndose en un ser detestable, aunque nunca lleguemos a manifestarlo de un modo explícito. Por eso, la clave para evitar o reducir la envidia está en ser capaces de evitar ese rechazo. En definitiva, ¿por qué ser tan celosos de que a los demás les vayan bien las cosas si eso a nosotros no nos perjudica? 

Las inercias y energías competitivas siempre están mejor empleadas cuando las utilizamos para competir con nosotros mismos y superarnos que cuando las dedicamos a tratar de denigrar a quienes envidiamos.

Dr. Arnulfo Mateo (Hijo)
Médico Internista y Psiquiatra
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jueves, 10 de mayo de 2018

Ser "padres" modifica la dinámica cerebral


La maternidad genera importantes cambios en el cerebro de las madres debido las variaciones hormonales que promueven la adaptación de este órgano desde la fecundación del óvulo en la matriz, afirmó hoy una especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En un comunicado difundido en la víspera de la celebración del Día de las Madres en México, la investigadora Teresa Morales Guzmán, del Instituto de Neurobiología de la UNAM campus Juriquilla, explicó que con la maternidad el cerebro suele volverse más empático.

“Se mejora la memoria a corto y largo plazos, particularmente en el aprendizaje espacial; resiste mejor al estrés; disminuye el envejecimiento neuronal, además de ser clave en la producción de leche, todo para un mejor cuidado de los hijos”, indicó.

Explicó algunos de estos cambios son permanentes y otros no. “Hay varios estudios en roedores que muestran que, en general, las adaptaciones en la fisiología regresan a su estado anterior al embarazo, pero hay variaciones cognitivas que perduran incluso hasta el envejecimiento”, comentó.

La especialista en neuroplasticidad y neuroprotección en el cerebro maternal señaló que dichas adaptaciones facilitan o promueven que una madre pueda contender con los desafíos que representa el cuidado de sus hijos.

También detalló que estos cambios “inician en la gestación, en el parto y culminan en el periodo de lactancia”.

Desde hace medio siglo, recordó Morales Guzmán, se encontraron los primeros indicios de cambios en el cerebro materno debido a las hormonas del embarazo.

Las investigaciones han permitido saber, por ejemplo, que la oxitocina estimula las contracciones del útero para el nacimiento y libera la leche almacenada en las glándulas mamarias; además, al actuar en el cerebro favorece la conducta maternal.

Los cambios en las diferentes regiones del cerebro de la madre no sólo ocurren en las neuronas; también abarcan a las células gliales, que dan soporte y energía a las neuronas, expuso la universitaria.

Pero estos cambios por la maternidad no solo se presentan en las madres. Según estudios, también se manifiestan en los hombres que se involucran en el cuidado de los hijos, aunque en menor medida: se vuelven más empáticos con las necesidades del hijo, y lo mismo sucede con quienes adoptan bebés.

“El ejemplo más claro es que se vuelven más sensibles al llanto”, precisó la especialista.

Dr. Arnulfo Mateo (Hijo)
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Fuente: www.elsoldelaflorida.com

miércoles, 9 de mayo de 2018

"Un tratamiento más selectivo para la Depresión"


El descubrimiento de un nuevo mecanismo involucrado en la depresión y una forma de combatirlo con un medicamento tan eficaz como los antidepresivos clásicos proporciona una nueva comprensión de esta enfermedad y podría allanar el camino para tratamientos con menos efectos secundarios.

Los resultados del estudio que se publica «Nature Medicine» supondrían además un paso importante para la curación de los pacientes con depresión mayor, ya que en aproximadamente un tercio de estos pacientes este proceso puede resultar largo debido a que los médicos tienen que encontrar, mediante prueba y error, el fármaco y la dosis apropiados para tratarlos. Y en los peores escenarios, en cerca del 33% de los pacientes, ninguno de los medicamentos existentes tiene ningún efecto.

«El medicamento que hemos probado también podría constituir un tratamiento con menos fallos», asegura Bruno Giros, de la Universidad McGill (Canadá). «Los antidepresivos clásicos tardan hasta tres semanas en tener un efecto y este nuevo enfoque podría dar periodos de respuesta más rápidos», señala el investigador.

Los científicos de la Universidad McGill y del INSERM examinaron, en ratone y pacientes, los mecanismos biológicos y moleculares que interaccionan en las neuronas durante el tratamiento con un antidepresivo clásico. El objetivo del estudio era mostrar cómo los antidepresivos actúan sobre dos neurotransmisores que influyen en el estado de ánimo: la serotonina y la norepinefrina

Cuando dichos neurotransmisores entran en contacto con los receptores situados en la superficie de las neuronas, desencadenan una serie de cascadas de señalización dentro de la célula. Por lo tanto, al igual que en una carrera de relevos, varias moléculas transmiten instrucciones, para ser entregadas al núcleo, diciéndole que active o inactive la expresión de los genes involucrados en diversas funciones biológicas. Debido a que los antidepresivos actúan directamente sobre dos neurotransmisores multifuncionales, se producen además una serie de efectos adversos.

Los antidepresivos clásicos tardan hasta tres semanas en tener un efecto y este nuevo enfoque podría dar periodos de respuesta más rápidos

Ahora, en este estudio, los investigadores muestran que, en ratones, es posible apuntar a un único ‘corredor’ de esta carrera de relevos. En concreto, se trata de la molécula Elk-1, que interviene en la última vuelta de la carrera y que parece estar directamente involucrada en los trastornos depresivos.

«Lo que es interesante y bastante novedoso es que hemos demostrado la ventaja de dirigirnos a los módulos de señalización (un corredor) en lugar de a la ruta completa «», explica Giros. «Este enfoque debería permitirnos evitar los efectos adversos de los antidepresivos clásicos».

Este enfoque debería permitirnos evitar los efectos adversos de los antidepresivos clásicos

Este nuevo fármaco potencial, que está protegido por una patente, fue desarrollado por Melkin Pharmaceuticals, una biotecnología cofundada por Giros.

La investigación de Giros ha indicado además que Elk-1 se muestra prometedor como un biomarcador terapéutico para determinar qué pacientes son más propensos a responder a los tratamientos.

Dr. Arnulfo Mateo (Hijo)
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